Ciclistas muertos

lunes, 16 de agosto de 2010

Como médico he atendido en los servicios de urgencias a unos cuantos ciclistas atropellados; ahora, en mi actual hospital, veo las consecuencias terribles de los atropellos: lesiones medulares con secuelas irreversibles, personas en silla de ruedas con parálisis de las piernas o de todo el cuerpo, algunos con dependencia de un aparato para respirar. Esto es mucho peor porque además de médico, monto en bicicleta desde los doce años y cada temporada pedaleo unos 7.000kms: la bici es mi deporte, mi pasión y mi medio habitual de locomoción para ir al trabajo y no tengo intención alguna de dejarla, aun siendo consciente de lo que puede pasarme: cualquier día de los que salgo a rodar un rato puedo no volver o acabar de usuario del hospital de parapléjicos en vez de ser médico del mismo.

Es decir, hay posibilidades de que algún día me pase un coche por encima y me deje hecho una pegatina, además impunemente (casi nunca se condena a nadie por aplastar a un ciclista, siempre hay eximentes o apaños o la legislación es suave, que se lo pregunten a los hermanos Ochoa, aquellos ciclistas profesionales arrollados por un conductor: Ricardo murió y Javier quedó con secuelas irreversibles). Puede sonar muy dramático, pero es algo que ocurre casi todos los días y ciertamente los fines de semana.

¿Por qué escribo esto hoy? Ayer me impactó especialmente una noticia del telediario, dos ciclistas atropellados en Menorca, las imágenes reflejaron las ruedas de las bicis destrozadas, las zapatillas por el suelo: yo podía perfectamente ser uno de esos ciclistas. Según parece se debió a una imprudencia o distracción del conductor del coche, que invadió el carril por el que circulaban los ciclistas.

Y no quiero dejar de expresar en este blog mi indignación por la inoperancia de las autoridades y el irrespeto absoluto que muestran hacia los miles de ciclistas que disfrutamos de la bici y además no contaminamos: el director general de tráfico, un tal Pere Navarro, ha despreciado continuamente los consejos de expertos en ciclismo que sólo querían mejorar nuestras posibilidades, ello llevó a la dimisión de Perico Delgado, antiguo ganador del Tour de Francia y de Alfonso Triviño, abogado y experto reconocido, de la comisión que existía en esa dirección general, por los desprecios repetidos de este señor hacia el colectivo que representaban.

Porque esta sociedad está basada en el automóvil, que acabará destruyéndonos, y todo lo que vaya con dos ruedas molesta y hay que segregarlo, como hacían con los negros: los carriles bici son una soberana estupidez, porque la bici es un vehículo y debe ir por la calzada y no por la acera. Y porque esos malditos cascos que nos obligan a llevar no sirven para casi nada, porque a los ciclistas que mueren atropellados –que son la inmensa mayoría- el casco no les sirve para nada, mueren por traumatismos torácicos y abdominales y pérdida de sangre, no por un golpe en la cabeza. El casco sólo protege en caídas de uno solo y por ésas pocos ciclistas mueren. En todo caso debiera ser algo voluntario.

Y el automóvil acabará destruyéndonos porque es el principal responsable de emisiones de dióxido de carbono del planeta, más allá de las industrias. Pero no estamos dispuestos a cambiar nuestro modo de vida ni nuestras economías basadas en la automoción, y cuando las grandes empresas del automóvil tosen los gobiernos tiemblan porque de ellas dependen miles de puestos de trabajo.

Así que el ciclismo es algo anecdótico, confinado a la televisión de las siestas de julio, con Induráin y Contador en el Tour, pero en realidad los ciclistas son un estorbo en ciudades y carreteras. Hay que fastidiarse.

Se lo he dicho muchas veces a personas que me quieren: si no vuelvo tras un entreno o tras ir en bici al trabajo no se entristezcan demasiado porque habré muerto haciendo lo que me gusta. Lo he escrito otras veces: las personas que han vivido plenamente –y yo he intentado hacerlo- no le tienen miedo a la muerte, al fin y al cabo es la forma natural de terminar la vida. La única cuestión es el cómo y el cuándo, no el qué.

Recen por los enfermos y por quienes los cuidamos.

Publicado por Por Ángel García Forcada en su blog "Confesiones de un médico"

Ángel García Forcada trabaja como especialista en medicina interna en un hospital desde donde escribe su blog en los ratos libres. Para comprenderle un poco mejor, Cristiano y ciclista son dos facetas definitorias de su persona. Visitar su blog merece la pena.

Texto reproducido aquí con con el conocimiento y permiso expreso de su autor.
Visto en Coge la Bici

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